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lunes, 9 de septiembre de 2013

Un viaje a castillete, las muñecas de Armando Reverón

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En la fotografía, Armando Reverón y sus muñecas
(Caracas, Venezuela, 10 de mayo de 1889 - Ibídem, 18 de septiembre de 1954) fue un artista plástico venezolano considerado el mejor de Venezuela del siglo XX. Hijo único de Julio Reverón Garmendia y Dolores Travieso Montilla. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Caracas; en España y en Francia. 

Durante su niñez y tras el fracaso del matrimonio de sus padres es enviado a Valencia a vivir con unos tutores, Los Rodriguez - Zucca.  Ellos le contaban a doña Dolores, madre de Reverón, sobre el temperamento "triste, irascible y melancólico" de su hijo Armando. Entre los 12 y 13 años, sufre de tifus, lo que para creencia de muchos lo afectaría psíquicamente por el resto de su vida.

Luego de vivir y formarse como artista plástico en Europa, Reverón decidió mudarse a la ciudad de Macute en Venezuela, donde realiza gran parte de su obra, capta y transmite el impacto de la luz tropical. Allí adquirió un terreno en el cual construyó una casa a la cual llamó Castillete. La decisión de mudarse, coincidió también con un cambio de conducta y por supuesto, una transformación de sus conceptos artísticos. En este período, al adoptar hábitos primitivos y desvinculado de la ciudad, Reverón pudo desarrollar una percepción más profunda de la naturaleza y esto lo llevó a emplear un método de pintar, así como a adoptar procedimientos y materiales que se adecuaban a su afán de representar la atmósfera del paisaje bajo efectos del deslumbramiento producido por la luz directa del Sol. Además, creó valores cromáticos e ideó nuevos soportes, utilizando elementos autóctonos.

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Visita a Reverón en el sanatorio San Jorge
Entró así a lo que el crítico Alfredo Boulton llamó su "Época Blanca", ubicada aproximadamente entre 1924 y 1932. En 1933, se le hizo un primer reconocimiento, al realizarse una exposición de su obra en el Ateneo de Caracas, que luego fue presentada en la galería Katia Granoff de París, Francia. A comienzos de 1940, inició su "Período Sepia", al que correspondería un conjunto de lienzos pintados en el litoral y en puerto de La Guaira y en donde los tonos marrones del soporte de coleto constituyen el valor cromático dominante de la composición; paisajes de mar y tierra donde destacan las marinas del playón, a los que siguió un período depresivo tras sufrir el artista una crisis psicótica que obligó a su reclusión en el sanatorio "San Jorge", de "José María Finol". Ya recuperado, no volvió a pintar como antes.

A partir de este momento, se refugió en un universo mágico que, en torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa expresionista de su obra; etapa figurativa caracterizada por el empleo de materiales tales como tizas, creyones y por una fantasía teatral que se tornaba más y más incontrolable pero que, a través de un dibujo que aspiraba a la corrección académica, buscaba restituir el equilibrio emocional de Reverón.

Película argumental en homenaje a Armando Reverón




La enfermedad creadora: Francisco de Goya

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Retrato de Francisco de Goya
por Vicente López Portaña
Fue un pintor y grabador español. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo. En todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la pintura contemporánea, y se considera precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX.

La temática social de la pintura de Goya, en la segunda parte de su vida, se caracteriza por una crítica sistemática a los problemas más acu­ciantes de España: incultura, guerra, violencia y represión son asuntos centrales en su producción artística. Efectivamente, la cara menos amable de la sociedad en que vivió Goya es frecuentemente representada por él, y entre esta producción existe un pequeño número de obras cuyo tema es la locura. Pero nos referimos no a la locura en sentido figurado, como contraposición a la razón que con frecuencia el trata también, sino a la locura pura y dura como enfermedad del ser humano.

Obra "El corral de los locos"
 de Goya
Una grave enfermedad que le aqueja en 1793 le lleva a acercarse a una pintura más creativa y original. Esta enfermedad de naturaleza no bien aclarada, cambió su visión del mundo y la temática de su obra, y que se ha pensado podría ser una enfermedad mental. Por otro lado, el hecho de que dos tíos o parientes de Gaya estuvieran ingresados en el Departamento de Dementes del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, puede explicar su conocimiento de la locura, así como la carga genética que esto conlleva, respaldaría además la tesis de una enfermedad mental padecida por el pintor. 



La verdadera naturaleza de la enfermedad que afectó al pintor tan profundamente en su vida, sigue permaneciendo oculta a pesar de haber interesado sobremanera a los estudiosos de su obra, a fin de explicar la conexión que pudiera haber entre la enfermedad que sufrió y su producción pictórica, sobre todo su relación con los cambios operados en ella.

Dibujo "La enfermedad de
la razón" de Goya
Goya pinta cuadros atravesados por temáticas como la brujería, la fantasía, la locura y la crueldad, se trata de escenas en las que presenciamos violaciones, asesinatos a sangre fría y a bocajarro o escenas de canibalismo. En todos ellos aparecen horribles crímenes perpetrados en cuevas oscuras, que en muchos casos contrastan con la luz cegadora de la boca de luz blanca radiante, que podría simbolizar el anhelado espacio de la libertad. El paisaje es inhóspito, desértico. Los interiores indefinidos no se sabe si son salas de hospicios o manicomios, sótanos o cuevas, y tampoco está clara la anécdota —enfermedades contagiosas, latrocinios, asesinatos o estupros a mujeres, sin que se sepa si son consecuencias de una guerra— o la naturaleza de los personajes. Lo cierto es que viven marginados de la sociedad o que están indefensos ante las vejaciones. No hay consuelo para ellos, como sí ocurría en las novelas y grabados de la época.


Documental: Goya Loco como un genio



De un barco al exilio: La locura en el renacimiento

Obra "La nave de los locos"
de El Bosco
Con la llegada del renacimiento se acaban los exorcismos y las trepanaciones de cráneos. Se opta por erradicar a los locos, sacarlos de la ciudad, de las calles, del espacio público, en un movimiento centrifugo. Se les deja recorrer los campos apartados. Otros son librados a su suerte con un barco sin timón. Sin embargo, este viaje no sólo hacía las veces de barrendero humano, sino que, otorgaba al loco la posibilidad de purificación, sumado al hecho de que cada uno es entregado a la suerte de su propio destino, pues "cada viaje es, potencialmente, el último" .

El primer período foucaultiano, o del gran embarco de los locos, se refiere al primer movimiento "oficial" de manejo europeo (llevado a algunos países en Occidente también) sobre la locura que fue, durante la Edad Media, excluirlos de las ciudades, fuera de los muros, más allá de los espacios seguros para el resto del mundo  (dentro de las ciudadelas). Aquellos que contaban con dinero también los sacaban del hogar para institucionarlos en lugares fuera de la ciudad. "Se trata de sacar de la ciudad, de las calles, del espacio público, estos elementos poco gratos para la autoridad, los locos, en un movimiento que podríamos llamar centrífugo (hacia fuera). Del gran espacio de la calle, a espacios alejados de la ciudad, fuera de la ciudad, fuera del país.

A partir de Erasmo de Rotterdam y del Humanismo, la locura pasa a ser parte directa de la razón y una denuncia de la forma general de la crítica. Es la locura la que ahora analiza y juzga a la razón. Los papeles se invierten y dejan ver que una no podría sobrevivir sin la otra, pues ambas son una misma cosa que, en determinados momentos, se desdobla para revalidar su necesaria presencia en el mundo.

Una piedra, el negocio redondo: La locura en la Edad Media

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Obra "La piedra de la locura"
 de El Bosco
En Europa, durante la Edad Media, la postura más frecuente respecto a los enfermos mentales era considerarlos pecadores castigados por Dios, y a éstos se les negaba el acceso a los hospitales. A veces eran objeto de la curiosidad por lo que se les exhibía en los mercados a cambio de unas monedas. Cuando la locura del enfermo adoptaba la forma de fanatismo religioso el pueblo los consideraba ocasionalmente como si fueran santos y de esa forma los llegaba a venerar, pero si la locura era violenta llegaba a ser interpretada como una acción del demonio por los que se practicaban los consabidos exorcismos o, si éstos no funcionaban, se les encerraba en las cárceles, leproserías o albergues para pobres, donde eran habitualmente desatendidos y solían morir por inanición; también, en alguna ocasión, llegaron a ser quemados acusándolos de brujería tal y como fomentaban las ideas expresadas en el "Malleus Maleficarum" escrita por los frailes dominicos Sprenger y Kraemer, y pese a que ciertos autores, como Weyer en su libro "De Praestiggis Daemonum", defendieron que las brujas eran personas enfermas que habían perdido el control de sus emociones.

Todavía hubo personas que intentaron aplicar un tratamiento más o menos médico y muy propio de la época, como era el impregnar de celedonia un paño de lino que se colocaba en la axila izquierda del lunático. Como era de esperar, este tipo de tratamientos no solucionaron nada, así que cuando durante el medioevo comenzaron a surgir conceptos etiológicos que intentaban comprender las diversas enfermedades orgánicas, se intentó algo parecido con las mentales. Paracelso abogó por una etiología racional de la enfermedad mental en contra de la etiología espiritual dominante, aunque para él se relacionaba con una alteración propia del "spiritus vitae", por la influencia de los astros sobre éste, o por la acción del calor sobre el "humor vitae"...

lapiedradelalocura_elbosco
Obra "La piedra de la locura"
 de El Bosco
Apoyándose en esa tendencia general de encontrar causas orgánicas, se difundió la creencia de que la locura era resultado de determinadas excrecencias cerebrales similares a los cálculos renales, y que debido a su crecimiento provocaba una presión en el cerebro causante de la perturbación mental, siendo a menudo imaginadas como una especie de protuberancias o tumoraciones que se evidenciaban de forma ocasional en la frente de los pacientes.

Estas ideas, que rozaban más la superstición que la simple creencia, fueron un campo abierto para todo tipo de charlatanes, que se aprovecharon de la incredulidad de las gentes del pueblo e intentaron hacer negocio. Curanderos ambulantes e individuos de la más variada y baja calaña se ofrecían para extirpar la "piedra" a los crédulos pacientes que acudían buscando tratamiento o a las personas que eran remitidos por sus preocupados familiares.

No temían practicar una sencilla operación craneal a aquellos que se ponían en sus manos. El riesgo, como era de esperar, era mínimo pues en realidad el supuesto curandero sólo hacía una pequeña incisión con una navaja sobre la frente del paciente, que resultaba limpia en unas ocasiones o aparatosa en otras. Luego, llegado el momento oportuno y mediante un habilísimo juego de manos, escamoteaba una pequeña concreción calcárea que parecía haber salido del cráneo del enfermo, y que finalmente exhibía ante los asombrados ojos de la multitud de testigos que se había reunido a su alrededor para ver el fantástico y a la vez ladino acto quirúrgico.

La "piedra" que se le extraía al paciente normalmente acababa engrosando la colección particular del curandero y se encontraba permanentemente expuesta, ya sobre una mesa abarrotada de botellas, cajas, navajas y trapos, o engarzada en cordeles que engalanaban su puesto ambulante. Toda una publicidad sobre su arte, habilidad y experiencia en ese tipo de tratamientos.

¿Por qué Atemanía?:La locura en la Antigüedad

Los antiguos creían que la locura era sagrada, era obra de los dioses o dáimones. Las divinidades enviaban la locura, como castigo o como venganza. En ésta época, las personas no eran culpabilizadas por su trastorno; eran más bien consideradas como víctimas inocentes de fuerzas sobre las que no tenían control alguno.

Tres dioses de la mitología griega estaban asociados a la locura:  Até, Manía y Dionisios.

Até, Atea o Ateo

Era la diosa de la fatalidad, personificación de las acciones irreflexivas y sus consecuencias. Típicamente se hacía referencia a los errores cometidos tanto por mortales como por dioses, normalmente debido a su hibris o exceso de orgullo, que los llevaban a la perdición o la muerte.

Antigua estatua romana
de dionisios
En la Ilíada, se dice que Atea es la hija mayor de Zeus, sin mencionarse madre alguna. Instigada por Hera, Ate usó su influencia en Zeus para que éste jurase que el día que naciera un mortal descendiente suyo, éste sería un gran gobernante. Hera inmediatamente retrasó el nacimiento de Heracles y provocó el de Euristeo prematuramente, logrando así que éste obtuviese el poder destinado al primero. Encolerizado, Zeus arrojó a Atea a la tierra para siempre, prohibiendo que volviese al cielo o al Olimpo. Atea vagó entonces por el mundo, pisando las cabezas de los hombres en lugar de la tierra, provocando el caos entre los mortales.

Manía

La diosa Manía era la personificación de la locura. Era enviada a los que no observaban las leyes sagradas y los volvía locos. Era ella la que empujaba a dioses y héroes a las catástrofes, y los impulsaba a cometer crímenes.

En una de las tragedias de Eurípides, el malvado Licos amenaza la vida de Megara, la esposa de Hércules. Hércules regresa justo a tiempo y mata Licos. Pero Hera provoca un arrebato de locura en él, por lo que Hércules mata a su mujer, a sus hijos y por poco también a su padre. Cuando vuelve en sí, se llena de desesperación. Teseo lo toma bajo su protección y lo lleva a Atenas para ser purificado de los asesinatos.

Dionisio

En la mitología clásica,  es el dios del vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis, y un personaje importante de la mitología griega. Aunque los orígenes geográficos de su culto son desconocidos, casi todas las tragedias lo presentan como «extranjero».Fue también conocido como Baco y el frenesí que inducía, bakcheia. Es el dios patrón de la agricultura y el teatro. También es conocido como el "Libertador" (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino. La misión divina de Dioniso era mezclar la música del aulós y dar final al cuidado y la preocupación. Los investigadores han discutido la relación de Dioniso con el «culto de las almas» y su capacidad para presidir la comunicación entre los vivos y los muertos.